Seguimos viendo películas para que ganen los buenos. Neceistamos que así sea, al menos en la ficción. A nosotros, los ilusos de poca monta, el fútbol (la vedette de las telenovelas) nos deparó la mayor historia de amor jamás contada. Barcelona ha exigido al mundo a levantar el listón, a pedir más cada vez que dos equipos tengan el tupé de salir a una cancha con tribunas y cámaras. Nos ha dado una anécdota con la que aburrir a nuestros nietos. Garantiza que estos señores llamados Messi, Xavi, Iniesta, Puyol, Ibrahimovic o Guardiola se vuelvan leyendas cuyas fuerza y virtuosismo superen inlcuso lo que los testimonios de video atestigüen. Nos ha dado el premio de una vida a la mitad del camino, con la dicha y la pena que eso significa.
A nadie sano en su juicio le es ajeno el Barcelona.
Claro, estamos hablando de fútbol, esa alegría espasmódica que nos rapta de la vida de todos los días.









