Si bajan a la Costa de Berbería, donde se estrecha la última cuña de los bosques entre el desierto y el gran mar sin mareas, oirán una extraña leyenda sobre un santo de los siglos oscuros. Ahí, en el límite crepuscular del continente oscuro, perduran los siglos oscuros. Sólo una vez he visitado esa costa; y aunque está enfrente de la tranquila ciudad italiana donde he vivido muchos años, la insensatez y la trasmigración de la leyenda casi no me asombraron, ante la selva en que retumbaban los leones y el oscuro desierto rojo. Dicen que el ermitaño Securis, viviendo entre árboles, llegó a quererlos como a amigos; pues, aunque eran grandes gigantes de muchos brazos, eran los seres más inocentes y mansos; no devoraban como devoran los leones; abrían los brazos a las aves. Rogó que los soltaran de tiempo en tiempo para que anduvieran como las otras criaturas. Los árboles caminaron con las plegarias de Securis, como antes con el canto de Orfeo. Los hombres del desierto se espantaban viendo a lo lejos el paseo del monje y de su arboleda, como un maestro y sus alumnos. Los árboles tenían esa libertad bajo una estricta disciplina; debían regresar cuando sonara la campana del ermitaño y no imitar de los animales sino el movimiento, no la voracidad ni la destrucción. Pero uno de los árboles oyó una voz que no era la del monje; en la verde penumbra calurosa de una tarde, algo se había posado y le hablaba, algo que tenía la forma de un pájaro y que otra vez, en otra soledad, tuvo la forma de una serpiente. La voz acabó por apagar el susurro de las hojas, y el árbol sintió un vasto deseo de apresar a los pájaros inocentes y de hacerlos pedazos. Al fin, el tentador lo cubrió con los pájaros del orgullo, con la pompa estelar de los pavos reales. El espíritu de la bestia venció al espíritu del árbol, y éste desgarró y consumió a los pájaros azules, y regresó después a la tranquila tribu de los árboles. Pero dicen que cuando vino la primavera todos los árboles dieron hojas, salvo este que dio plumas que eran estrelladas y azules. Y por esa monstruosa asimilación, el pecado se reveló.
claudia
/ febrero 18, 2009Quisiera que me informaran a qué clasificación perteneceeste cuento. El árbol del orgullo”-
gracias-
Chaman
/ febrero 19, 2009Podría ser:
1. Podría catalogarse como “Relato Maravilloso”, si es menester tener que catalogar a los relatos.
2. Sino, con decir “Relato clásico de Chesterton” me parece que alcanza.
MONICA
/ junio 22, 2009NO ME GUSTO PARA NADA PERO ME GUSTA QUELO SEPAN Y ME ESE GUSTADO DENOMBRE “RELATO DE CHESTERTON( UN CLASICO)”
carmela
/ junio 29, 2009un resumen del cuento porfavor si pueden gracias soi de bs ar
josefina morales
/ noviembre 30, 2011ola porque preguntan pura estupides
YENNY
/ noviembre 18, 2009KISIERA SABER CUAL ES LA RESEÑA DE ESTE CUENTO
Sharu!
/ mayo 18, 2010Quienes son los personajes de este cuento respondamen si sabes. besoss!!
yerica prado
/ marzo 12, 2011caisedo y tu madre
Lalitaaaaaa!!!
/ febrero 2, 2011k carta le escribiriais al ermitaño Securis,manifestandole vuestra opinion acerca de su experiencia.
Si podeis me respondeis porfaaaaaaaa!?!
yerica prado
/ marzo 12, 2011de verdad esas letrasestan muyyyyyyy pequeñas por lo tanto no me gusto el cuento lo siento
Chaman
/ marzo 15, 2011Haz click en la imagen, y una vez que abra vuelve a hacer click.
Sino, a continuación lo tienes copiado.
Luego, si no te gusta, bueno, arréglatelas con Chesterton.
josefina morales
/ noviembre 30, 2011porfavor no pregunten cosas tan pero tan estupidas por que me desesperan con nsus preguntas todas jueputas del mundo
Chaman
/ marzo 15, 2011Si bajan a la Costa de Berbería, donde se estrecha la última cuña de los bosques entre el desierto y el gran mar sin mareas, oirán una extraña leyenda sobre un santo de los siglos oscuros. Ahí, en el límite crepuscular del continente oscuro, perduran los siglos oscuros. Sólo una vez he visitado esa costa; y aunque está enfrente de la tranquila ciudad italiana donde he vivido muchos años, la insensatez y la trasmigración de la leyenda casi no me asombraron, ante la selva en que retumbaban los leones y el oscuro desierto rojo. Dicen que el ermitaño Securis, viviendo entre árboles, llegó a quererlos como a amigos; pues, aunque eran grandes gigantes de muchos brazos, eran los seres más inocentes y mansos; no devoraban como devoran los leones; abrían los brazos a las aves. Rogó que los soltaran de tiempo en tiempo para que anduvieran como las otras criaturas. Los árboles caminaron con las plegarias de Securis, como antes con el canto de Orfeo. Los hombres del desierto se espantaban viendo a lo lejos el paseo del monje y de su arboleda, como un maestro y sus alumnos. Los árboles tenían esa libertad bajo una estricta disciplina; debían regresar cuando sonara la campana del ermitaño y no imitar de los animales sino el movimiento, no la voracidad ni la destrucción. Pero uno de los árboles oyó una voz que no era la del monje; en la verde penumbra calurosa de una tarde, algo se había posado y le hablaba, algo que tenía la forma de un pájaro y que otra vez, en otra soledad, tuvo la forma de una serpiente. La voz acabó por apagar el susurro de las hojas, y el árbol sintió un vasto deseo de apresar a los pájaros inocentes y de hacerlos pedazos. Al fin, el tentador lo cubrió con los pájaros del orgullo, con la pompa estelar de los pavos reales. El espíritu de la bestia venció al espíritu del árbol, y éste desgarró y consumió a los pájaros azules, y regresó después a la tranquila tribu de los árboles. Pero dicen que cuando vino la primavera todos los árboles dieron hojas, salvo este que dio plumas que eran estrelladas y azules. Y por esa monstruosa asimilación, el pecado se reveló.
Eli
/ septiembre 14, 2011cuál es el contenido moral del cuento??