APOSTAR A LA VIDA

Jorgelina Kuzmuk tiene 27 años, es rubia, alta y de ojos claros, trabaja y vive en Glew junto a su esposo, a quién conoce desde adolescentes, casi para la misma época en que se enteró que tenía cáncer de mama.



Entrevista y foto: Marcelo León
Copyright 2008

“A los 21 años me operaron de cáncer de mama. No podía entender de qué se trataba; en mi familia nadie había tenido cáncer así que era algo nuevo para mí y lo primero que se me vino a la mente fue la sensación de que me iba a morir. Empecé las quimioterapias, pero tenía mucho miedo, mucha angustia, mucha bronca. Me veía distinta, porque estaba pelada y muy delgada. En ese entonces fue cuando me contaron sobre Apostar a la vida. Me hablaron de un grupo que podía entenderme y ayudarme. Si bien en mi casa me acompañaban, yo me sentía sola.”

“Con ese miedo y esa bronca conocí los grupos. Al principio dudé, porque pensaba que iba a encontrar gente que se iba a estar muriendo, y que iba a estar muy mal y temí a la depresión, pero no fue así: encontré a personas con unas tremendas ganas y amor por la vida. Ellos me escuchaban y me entendieron, sabían de qué les hablaba cuando hablaba de miedo y enojo, sabían de mi dolor. Ahí descubrí que se me abría una segunda oportunidad, y era imposible desaprovecharla.”

“Mi vida dio un giro totalmente distinto, yo digo que si un cáncer no te despierta la vida qué lo hace. Empecé a apostarle a la vida. Hice los tratamientos, después decidí casarme, vivir ese momento tan especial. Empecé a hacer viajes; antes no viajaba, siempre tenía excusas por las que no hacerlo. Eso sí, nunca dejé de ir a los médicos.”

Cuando todo se pone cuesta arriba

“Después de que me operaron, al año tuve una recaída muy fuerte, por lo que estuve 6 meses en cama, sin poder caminar. Entonces como no podía salir de casa empecé a hacer porcelana fría, a pintar cuadros, y también empecé a organizar mi casamiento. Mi marido me llevaba a upa a todas partes, mientras de a poco trataba de volver a caminar. Primero daba una vuelta alrededor de la mesa, otro día dos vueltas y así fui mejorando. La quimioterapia daba buenos resultados, y yo no me angustiaba.”

“Pude salir adelante porque quise y porque tenía a mis compañeros al lado. Ellos me decían “¡Vos podes!” y si ellos, que pudieron, me alentaban pueden, yo también tenía que lograrlo. La bronca de los primeros días la trato de transformar en energía para vivir.

Apostar sobre seguro

Pacientes como Jorgelina son agentes de salud, ya que transmiten desde su experiencia lo que han vivido, pero a su vez pueden escuchar, observar y ponerse en el lugar del otro para ayudarlo. Descubren que la clave es la perseverancia, el afán por permitirse disfrutar el valor real de las cosas por vivir. Para eso, es fundamental la contención y el estímulo para el cambio y el progreso. Y, muchas veces, también la fe: “Soy creyente. Entiendo que Dios me dio esta herramienta que yo no encontraba en ningún lado. Comencé preguntando “¿por que a mí?” y ahora me pregunto “¿para qué?” Mi vida es mi proyecto, y sé que puedo ayudar a construir el proyecto de otros.”

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