6 DISCOS PARA ESCUCHAR CON LA ABUELA


ilustración: irina tozzola
textos: carnavalito

ELVIS PRESLEY
Todos los 25 de mayo se arma la fiesta, porque el abuelo no podría haber nacido en fecha más patriótica. A veces asado, otras locro, el menú siempre da paso para el baile a pata ancha. Las más chicas acaparan los ritmos de moda, la tía intenta con el reggaeton sin suerte, y da paso a las otras tías que se lucen con los pasodobles. Pero siempre, tres minutos antes de derrapar con el enganchado del Club del Clan, siempre suenan los acordes de ese rock, y la abuela gana la pista y la ovación.

HAIR
Laura tiene 17, tres menos que su abuela en el efervescente 1968, año en el que los hippies tomaron el escenario de Broadway. En ese tiempo Malala (aún la llaman así) fatigaba Plaza Francia, leía a los poetas malditos y tenía un vestuario increíble.

SANDRO DE AMÉRICA
Elsa vive en Banfield, aunque tuvo oportunidad de emigrar, en los ochenta a capital y el año pasado al campo. Es que ya echó raíces. Allí creció, conoció a un muchacho, se casó y tuvo a su hijo y hoy a sus nietos. Pero por sobre todo allí nomás, a la vuelta, está su ídolo, su razón. En el barrio todos la conocen, es la más radical de las “nenas” del Gitano. Hoy está bastante angustiada, y escucha una y otra vez el long play autografiado.

DEDICADO A ANTONIO MACHADO, POETA
Marinés es maestra. Sí, hace ya varios años que está jubilada, pero nació maestra y así será. Cuando hace los mandados se cruza con ex alumnos que llevan a sus hijos a upa, que la abrazan con cariño sincero, pero nunca dejan de recordarle “¡cómo nos torturabas con el Nano!” Es que en las horas de Literatura, todos debían recitar aquello de “Caminante no hay camino…” para deleite de la Señorita, en honor al gran Machado y al no menos grande catalán.

TUTTO PAVAROTTI
La nona llegaba siempre temprano los domingos de cumpleaños con una fuente de ensalada de frutas. Ella misma había ayudado al nono a construir la casa, y sin embargo siempre decía “Permiso…” al cruzar la puerta. Cuando terminábamos de comer y los más chicos se levantaban a jugar, me preguntaba “¿No tenés una canzonetta?” Entonces yo abría la alacena donde mamá guardaba las copas y sacaba el cassette de Pavarotti. Y mi nona escuchaba callada, con los ojos muy claros.

THE VERY BEST OF ENNIO MORRICONE
Salvador no conoció a sus abuelos. No tiene hermanos, tampoco primos ni tíos. Él y su mamá se las arreglaron siempre para que, si bien chiquita, la suya fuera una familia funcional. Los silencios no eran tristes porque se leía, y el departamento jamás fue chico, porque la vida hay que ir a buscarla afuera. Y si la salida favorita es el cine, tarde o temprano los caminos se cruzan con el genial Ennio, y la tonadita se te pega hasta la vejez.

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