Ganar, gustar y golear: primero lo primero

Se sabe que la expectativa es grande, que los nombres son convocantes y los antecedentes contundentes, pero de eso a pretender que sólo una goleada justificaba programar el despertador a las 6 AM de un domingo (y no un domingo cualquiera: ¡el día del niño!) es todo un castigo para el ego arlequinero del hincha.

Argentina gana. Punto. Juega a velocidad crucero, casi que duerme el partido de a ratos. Toca, se mueve, trota la cancha, ensancha, acorta el recorrido. Hasta regula. Pero no sobra, no peca de displiscencia ni se entretiene. Quedaron muy atrás los años del vértigo por las bandas y la presión en todas las líneas, y junto con ellos el mismo caudal de críticas y reproches. Hoy hay otro instructivo, y tanta o más tela para cortar en la charla de café. Por lo pronto, la selección cumple con los objetivos: ganó el primer partido, ganó el segundo, clasificó a cuartos y con pocos sobresaltos. Sin embargo, aún se está lejos del ideal, ya que el equipo no brilla, si bien ha ejercido el dominio absoluto en ambos encuentros. La calidad individual es indiscutible, y cuando dos o más se reunen, la promesa se vuelve certeza, como en el golazo de Lavezzi de hoy. Pero tiene gusto a poco, y todos, jugadores incluidos, lo saben.

La próxima cita será frente a Serbia, justamente el rival que resultó partenaire de la última gran muestra del “fútbol que le gusta a la gente”. Pero eso también ya quedó atrás, aunque la expectativa golosa sea tan voraz como siempre.

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