Todos tus muertos

michael-jackson

Por Carnavalito

Uno vive la muerte de los artistas con una amargura distinta. Y cuando digo “uno” quiero decir “yo”, los artistas aludidos son aquellos que en algún momento de la vida me han gratificado y lo de la amargura distinta es una manera poco feliz de llamar a esa pena distante del desconsuelo porque el muerto no es pariente ni amigo, pero que a la vez es tan pena que miro en varias páginas de noticias para chequear si el muerto muerto está.

Porque uno se toma atribuciones, y hace letra de su vida los versos de una canción, fabrica apodos en función de personajes de ficción, y hasta  simpatiza con el crimen organizado y los médicos misántropos sólo por mérito de los intérpretes del prime time.

Claro que uno se consuela porque sabe que los artistas por definición trascienden el marco temporal, pero uno, que es tonto, se lamenta por un extraño, un ajeno al que le abrimos la puerta de casa incluso cuando no queríamos ver a nadie.

Un amigo, que disfraza estos sentimientos con humor negro, me decía “¿te imagnás la de chistes que hubiera hecho Peña sobre Maicol?”

Pero mi sensación es como el cliché del lector que llega al final del libro. Emoción, algo de gratitud y algo más de vacío.

Una pena bizarra.

Como Peña y Maicol.

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