FEDERICO LUPPI :: No se calla nada

Tiene el porte. Y el método. Y el handicap. Pero no sobra la jugada. Prefiere la reflexión a la anécdota nostálgica. Y hace gala de su labrada versatilidad, aún cuando cada vez haya menos protagónicos para actores mayores de los 70. Luppi, el que puede ser un abuelito gagá o un torturador perverso, es un señor. Y actor.

Entrevistas y Textos: Paula Cohen Noguerol · Marcelo León

 

Habla, opina, charla. Se indigna y se alegra. Se preocupa. La política le acapara la atención, no como cháchara de café; la encuentra necesaria. Se informa como método de supervivencia. No es peronista, y no se jacta. Sin embargo, opina sobre lo que ve bien y mal de la política, aunque eso lo ponga en un borde en donde cada uno quiera tironearlo para su lado. O para el otro. “La Ley de Medios y la asignación universal por hijo son temas importantes, ¿por qué no habría de apoyarlos? De quienes se oponen no escucho dos frases seguidas que tengan un carácter adulto, cívicamente poderoso, políticamente creíble, con propuestas, con inteligencia, con reflexión. Todos tiran al aire; y claro, alguno va a caer…”

Ama la actuación, pero si pudiera vivir sin trabajar lo haría sin dudarlo. Crítico de la postura “izquierdoza” de muchas películas de la filmoteca nacional, y de cualquier pretensión de manipulación ideológica, volvió a la Argentina hace poco más de un año sin idea de afincarse, y enlazó una sucesión de proyectos en donde el hilo común se sustenta en el comienzo de este párrafo. Ha elegido papeles que no especulan, enmarcados en obras que invitan a la construcción de sentido por parte del espectador. Dos casos concretos son Sin retorno, la recomendable película de Miguel Cohan, y en la obra teatral Por tu padre. “Hoy en día hay una mayor adultez en los temas, además el público está mucho más despierto y ávido, es más comprensivo e intelectualmente más abierto”.

 

· El hombre que le pelea al mito


A la hora de hablar sobre usted nadie evita mencionar su trayectoria ante todo. ¿Siente que hay un sector del público que se quiere acercar al ícono antes que al actor vigente?

Con el público funciona una alquimia bastante complicada y poco fácil de abordar. Hay gente que me dice “yo me acuerdo tanto de usted cuando era joven”, y yo les digo “¡yo también me acuerdo!”. Creo que el tipo que está ahí ya no soy yo, así que lamentarse de eso ya no sirve de nada. Me parece que lo que ocurre es que a todos, al espectador y a los actores, nos cuesta bastante trabajo admitir el paso del tiempo. Donde uno mejor puede camuflarse es en el teatro, porque exige una convención muy imaginativa, lo cual no pasa en el cine. El cine es un ente depravado y perverso, donde se ve todo. Así que depende de la gente. Hay público que tiene una inclinación particular a lo nostálgico, entonces le gusta el pasado y el recuerdo. Yo creo que el pasado pasó, finish.

 

 

Federico Luppi y Adrián Navarro presentan Por tu Padre, en gira nacional

El rezo, la culpa
y el mazo incesante



Al apagarse las luces el espacio es una misa de cuerpo presente. El discurrir del diálogo es furtivo, el clima enrarece y torna en una celebración íntima  que puede ser devastadora. Los espectadores, que fueron al encuentro de la celebridad de Federico Luppi y la ascendencia constante de Adrián Navarro se hallan, sin remedio, en medio de un campo minado.


Textos: Paula Cohen Noguerol y Marcelo León

Por tu padre, la obra de Dib Carneiro Neto, es dura. No tiene ápice de demagogia, y tensa las cuerdas, incomoda. Sin embargo, el público la aplaude, y se ha transformado en una experiencia trashumante que recorre las salas del país. Federico Luppi, impulsor del proyecto con el que retorna a los escenarios luego de una década, lo explica: “Era una pena dejar estar este material, porque trata un tema que en general no se aborda: la sexualidad paterna. Lo complejo del mundo, con sus luces y sobras. Y allí reside la individualidad del actor. Es muy difícil en términos racionales separar aquello que es puramente ficción de aquello que es esa cantera personal que uno lleva”. Para Adrián Navarro, el hijo, el estímulo fue distinto.Lo más atractivo fue que no sabía cómo iba a hacerlo. Tuve muy poco tiempo de ensayo. Me gusta tirarme a la pileta y ver si hay agua cuando estoy cayendo”.  Es su personaje el que, desesperado, clama “¿qué hicieron con mi identidad?” ante un interlocutor que se desdobla, que lo escucha a la vez que lo asusta, que también está solo, pero que custodia una verdad que cambiará todo. Historia de hombres atorados que necesitan ser liberados.

¿Cómo viven la experiencia de plasmar pulsiones tan intensas, que parten del miedo y llegan hasta el odio irreprimible?

Luppi: Hay un viejo mito que lamentablemente no se comprende: la obra nunca se termina. La obra mañana la hace otro grupo de actores y seguirán buscando aristas, matices y colores. A mi me gusta el actor que en escena plantea cierto tipo de audacia, que no se ciñe a la letra como una especie de esculpido en piedra. Me gusta inclusive esa función que, en la medida en que tiene energía y creatividad, es hasta desprolija.

¿Qué encuentran en el trabajo mutuo?

Navarro: A mi me tiene amenazado así que voy a mentir (Risas). Trabajar con Federico es muy enriquecedor. Me devuelve arriba y abajo del escenario cosas que tomo y de las cuales aprendo. A mi se me cayeron los pantalones en el momento en que me dijo “¿querés compartir este escenario conmigo?”. Es ver a un tipo que tiene más tablas que todos los escenarios que hemos recorrido juntos.

Luppi: El tema de la experiencia es muy relativo. Cada función es solamente una hora u hora y media donde hay que poner lo que uno tiene, no esconderlo, aún equivocado, desordenado. El teatro te obliga, en esa hora y media, a no guardar cosas tontamente. Porque l a experiencia a veces es la excusa para que los que hacen todo de taquito puedan decir “no transpiro”. Hay que sudar la camiseta. Si lo que uno hace provoca aquello que uno siente, genial. Adrián le mete una energía y un tanque emocional que funciona. Si se quedara esperando a ver qué siente, no pasaría eso. El sentimiento no viene sólo, viene a partir de la acción. Hay que evitar esa vieja mitología de la inspiración. La inspiración, si no trabajás, no viene. Por eso, no me gusta hablar de malos o buenos actores. Me gusta hablar de gente que trabaja. Si alguien sabe qué es lo que tiene que hacer, el sentimiento viene sólo.

Navarro: Nada llega si no lo vas a buscar. Es como lo entendemos Federico y yo. Es ir corriendo atrás de la pelota. Y esto también vale para la decisión de salir en gira. Ir al interior o recorrer el conurbano bonaerense es acercarnos al público literalmente, en vez de que se acerquen a uno. La expectativa distinta, la calidez es otra, nueva.

“La experiencia a veces es la excusa
para que los que hacen todo de taquito
puedan decir “no transpiro”.
Hay que sudar la camiseta.”

Federico Luppi

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