REP :: El primer dibujador

Mientras usted duerme, come o sale a pasear él está dibujando eso a lo que usted, a veces, no le puede poner palabras. Está metido en la historia, en la música, en el arte, en los medios, en la calle, en el diván Y también, siempre, al principio de cada insulto gigante.

Entrevista y Textos: Marcelo León
Fotos: Fabián Caamaño
Producción: Soeldad Arréguez · Paula Cohen Noguerol

El hábito hace al monje. Los lectores, auténticos perseverantes de la rutina, parecen olvidar que ése tipo que dibuja la contratapa de todos los días cumple años, viaja, sueña, sufre, se agarra resfríos o se arrepiente de haber votado a algún candidato. Total, como siempre está ahí, seguramente no le afecta el paso del tiempo, la vida será un chiste para él. Debe ser un loco bohemio que hace dibujitos en los ratos libres, que se hace el gracioso con las mujeres y que es el alma de las tantas fiestas a las que lo invitan. El más piola entre los piolas.

Supongamos que sí. Entonces algo empieza a hacer ruido, porque resulta que el piola saca libros, se mete con la historia, ¡con el Quijote!, y tiene un grupete de personajes que no marcan asistencia, pero que cuando aparecen son muchas cosas antes que hilarantes. Nunca un plop, nunca un cheeee, menos un Repurro.

Por último, para acribillar el prejuicio, la crudísima realidad: el tipo que dibuja las contratapas ya no lee historietas, trabaja más del doble de horas que las que duerme, y tiene el impulso incontenible que lo lleva en busca del gran muro en blanco, algo lo suficientemente grande como para poder, de una vez, contener tantos fragmentos de lucidez y desespero.

.: UNA SOLA CLASE DE HOMBRES: LOS QUE TRABAJAN

Cronista y fotógrafo llegan a lo de Rep. Edificio firme, detalles de categoría, ubicación estratégica, ambientes luminosos. Al igual que la inspiración, encuentran al artista trabajando.

¿Qué haces un sábado a las 4 de la tarde en tu estudio?

Lo mismo que haré mañana a las cuatro de la tarde acá: trabajar. Trabajo de lunes a lunes. No hay un día que no venga acá a trabajar algo o bastante. Antes de irme de viaje, son los días más concentrados por la cantidad de trabajos que tengo que dejar.

¿Qué le decís a una persona que cree que su trabajo es una tortura, y cuenta las horas para  que llegue el fin de semana?

El trabajo que no se desea es un dolor de huevos. Es verdad que la mayoría de la gente vive dolorida. Se percibe en los colectivos, en los subtes, en la calle. La gente tiene un gran porcentaje del día de malos momentos, de estar en un lugar que no le corresponde y de querer estar en un lugar más feliz. Pareciera que el trabajo es una maldición bíblica que hay que cumplir. Ahora, los grandes dolores de huevo vienen muchas veces por los patrones que se tiene. En mi caso, como mi propio patrón soy bastante exigente y trabajo más de lo que cualquier otro patrón me exige. Al no tener límites y al gustarme tanto esto, me voy colmando de trabajo y a veces no me da el día. Eso es porque yo tengo un pésimo patrón que me dice que siempre se puede trabajar más, en detrimento de otras cosas, como poder estar con otra gente, tener el fin de semana libre. Yo lo compenso dándole una patada en el culo al patrón cuando me voy de viaje. Seguramente esto también forma parte de la culpa del trabajar de lo que a uno le gusta, que genera este tipo de neurosis.

Pero sin esa exigencia hay cosas que tal vez no te saldrían.

A mi no me saldrían, mi musa es la exigencia. Yo postergo las entregas hasta que no tengo más tope. Los trabajos nuevos son los más enquilombados, leer un libro para hacer la tapa, o hacer trabajos para la televisión, esas cosas. Me cuesta convivir con esos patrones que son nuevos.

¿Sos un tipo preocupado?

Yo trabajo mucho con mis estados de ánimo, aunque después obviamente hay un frío profesional que los saca del lugar de la calentura para ponerlos en uno más racional. Básicamente los estados de ánimo están. Hace mucho tiempo que descubrí que la preocupación es una pelotudez. De hecho, hice juegos de palabras con la preocupación, la ocupación y la postocupación. El humor es como una garrocha para saltar de esos “pre” para llegar a lo verdadero, o al “post.” El problema de trabajar en un diario es que siempre se ve lo último que hice. Pero es verdad también que cuando yo hago recortes de mi laburo para los libros, termino eligiendo trabajos no tan anímicos ni de coyunturas sociales o políticas y sí piezas más existenciales, de ahí la imagen de preocupado ¿no?. Me gusta más eso.

.: PARA UN ARTISTA NADA MEJOR QUE OTRO ARTISTA

A un dibujante se le envidia el kiosco de que suelen tener: papeles, pinturas, marcadores, lápices carísimos. Pero por sobre todo, se le envidia el desorden. El estudio de Rep está equipado con unos escritorios fabulosos de tan enormes, que apenas se ven bajo la montaña de originales, bocetos, pinceles, papelitos, láminas, marcos, chiches y objetos variopintos que invitan a curiosear: una escultura a escala de su personaje Lukas, un tentempié de goma con la cara de Chávez y la inscripción “intumbable”, una entrada del último show de Radiohead, una copia enmarcada del Guernica.
No hay libros ni fotos a la vista. Paredes impolutas.

Con un ritmo de publicación tan intenso a lo largo de tanto tiempo ¿Resistís un archivo?

Cuando reviso cosas de antes me doy cuenta de que muchos de los trabajos que hice ya no los podría publicar porque pertenecían a otro país, a otro yo-mismo parado frente a ese país. Pero las guardo por folclore, por las dudas, para el día en que ya sea viejo y quiera revisar, como quien guarda fotos viejas. Me gusta ser cada vez más autor y para eso hay que ser más personal, ser eso que sólo vos podés ser. Me gusta eso en los autores que admiro, cuando no hay otro que haya podido ver el mundo como él.

¿Qué autores te interesan?

Voy más hacia el lado de las artes visuales, el cine, la literatura. Soy muy propenso a leer las cosas históricas como fueron escritas, no a leerlo desde lo contemporáneo. No estoy leyendo historietas ni viendo la producción historietística. Me he saturado. Hace poquito fui a una muestra de historietas y no me provocaban nada. Volví y dibujé una tira de auxilio. Justo había ocurrido el terremoto de Japón, entonces todo se movía. Era la historieta. Ella se quería mover pero no se movía, porque la historieta es esa cosa quieta. Yo eso lo vi clarísimo en la muestra. La historieta te abriga, es agradable pero no te va a sacar te tu sitio habitual como otras artes.

¿Qué no cabe en la viñeta?

El la viñeta puede caber de todo, pero cuanto más cabe menos libertad hay. La historieta, por su formato, apresa mucho. Esto es un problema para mí como dibujante pero también veo que es el gran don que tiene el género. Lo que parece un defecto es en realidad su virtud, esa limitación hace al arte. La historieta es como el cine en quieto, fotograma por fotograma. Tiene otra magia, que a mi ya no me subyuga como me subyugó.  Yo no reniego de la historieta, estoy hablando de mi relación con ella. Está hecha para entretener. Mis libros son cada vez más de cuadros enteros, me voy hacia los murales. Estoy haciendo murales por todos lados y no son historietas. La historieta la domino, yo ya sé como es. Por eso busco más allá del género. Me da mucha curiosidad los autores, las corrientes, los manifiestos, los contextos. Todo eso me nutre y me enriquece.

¿Sos de ir en busca del artista, de modo literal?

No como un fanático. Uno de los últimos fanatismos que tuve, a mediados de los noventa, fue descubrir una luminosidad con Caetano Veloso. Cuando fui a Brasil hice un itinerario y tenía mucho deseo de verlo. Por supuesto que no lo encontré, pero ese mundo me despertó un montón de cosas. Reconozco que de un tiempo a esta parte ya no me pasa, se me han acabado los fanatismos. Me duran muy poquito.

.: LA MÁS MARAVILLOSA MÚSICA

¿Cada cuanto explotás de risa?

Me río con las verdaderas sorpresas, las verdaderas vueltas de tuerca, que muchas veces tiene que ver con algo muy pelotudo. O tal vez con amigos, porque hablás con ciertos códigos. La sorpresa tiene que irrumpir de una manera muy salvaje, tiene que ser un humor muy distinto al mío. Por ejemplo, se supone que yo hago humor inteligente porque trabajo para gente que se supone inteligente, y me doy cuenta que muchas veces ese “humor inteligente” no me causa ninguna gracia. Cada vez me causa menos gracias Woody Allen cuando quiere ser inteligente y sí me causa gracia cuando le sale el niño o hace el ridículo.

¿Y con qué cosa no se hace humor?

Hay tanto que me da misterio, eso es lo que a mí me interesa. Si algo me interesa no hay límite, sea el tema que sea, así involucre sangre, desapariciones, muertes, alegrías en momentos trágicos, lo que sea. Yo confío en que si el tema me interesa voy a tratar de com-prenderlo. La clave en el laburo del humorista es la comprensión. Uno tiene que comprender aún lo que critica.

Cuando estás trabajando en un mural se te suele ver con auriculares. ¿Te los ponés para que no te molesten mientras dibujas o para que esa música que estás escuchando se meta un poco en el dibujo?

Para acompañarme. Es un susurro muy hermoso la música que a uno le gusta. Hay muchos momentos que una música irrumpe en pleno mural, y a veces puede llegar a modificarme el trazo. Debo tener 2300 temas que ya conozco y los pongo en aleatorio. Me gusta estar en el bioritmo del momento. En la historieta yo boceto y dudo, imaginate en un mural donde irrumpen otro tipo de cosas: perspectivas, maneras de ver, la luz, el cuerpo de uno. Voy tratando de ver qué melodía es la primera que me tiene que surgir. Y después trato de ponerle el tono, el ritmo, la letra de la melodía. Siempre hay una melodía, una sensualidad. En los murales hay muchos accidentes. En la gráfica si hay un accidente borrás o tiras el papel, no es grave. En los murales hay accidentes que hay que aprovecharlos. Yo no corrijo los murales, aprovecho el error. El mural es libertad. Los grandes formatos te dan más libertad. Yo trabajo en pequeños formatos y sé manipularlos. Pero los murales son otra cosa.

Pareciera que hacés un camino inverso. Desde lo que se publica con alcance incluso internacional, a volver la experiencia del que tiene que pintar sobre la pared, lo cual sólo se puede ver yendo al lugar.

Tiene que ver con mi laburo anterior. Yo trabajé mucho lo pequeño y los microrelatos. Lo que me pasa es que estoy un poco harto de la fragmentación de las cosas, necesito cada vez más una respuesta que se parezca más al todo. No quiero conformarme con lo pequeño. Albergamos en lugares pequeños y por eso tenemos sueños pequeños. En cambio los macrorelatos son la suma de muchas pequeñas bellas cosas. No quiero conformarme con generar algo pequeño y bello una sola vez. Quisiera contar cosas de mayor formato, y que sirva para algo más grande.

Nota del Entrevistador:

Hágase un favor, visite www.miguelrep.com.ar

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