VANESA GONZÁLEZ :: Sabe lo que quiere y ama lo que hace

Si usted espera leer la palabra de una diva y conocer sus secretos para vivir en pose, o si quiere saber cómo el estrellato y la rutina de besar galanes de ficción pueden inflar el ego de una artista hasta la estratósfera, olvídese. Con Vanesa González no pasa nada de eso. Y eso que es linda. Y talentosa. Por eso quédese y lea, y conozca los sueños de una chica de perfil bajo que cada noche interpreta a una chica de perfil bajo que busca cumplir sus sueños.

Entrevista y textos: Marcelo León
Fotos: Jorge Noro

.

→ “Estoy escuchando Angus & Julia, me encanta” dice Vanesa, como salida de una canción del dúo canadiende, Bella: (“Ahí va la chica con la falda bonita, con esa sonrisa dorada que te hace sentir nuevo”). En Recoleta llueve, es casi de noche y en las terrazas que miran a Pueyrredón los faroles reverberan. Llueve en verano, por eso la falda (corta y bonita) con la campera de cuero. Hace un rato terminó su jornada de grabación de Lobo, la novela que protagoniza en el Trece, y le espera madrugar al día siguiente para convertirse en heroína televisiva del amor a las siete y media de la mañana.

PM. ¿Cómo vivís la experiencia de Lobo?

VG. Me gusta mucho. Desde que me contaron la idea me entusiasmó, porque el toque mágico le agrega un desafío muy interesante a la ficción y al trabajo de llevarlo adelante.  Y además somos un grupo de trabajo muy homogéneo, que logramos una química casi inmediata, que nos hace trabajar con mucho humor.

PM. El humor es fundamental…

VG. Totalmente. En el elenco nos reímos mucho, saben que me tiento fácil, a carcajadas, y hay veces en que hay que parar las escenas… Pero lo bueno que tiene ese clima es que logramos trabajar con mucha confianza, y eso te permite meterte en la historia, hacer crecer a los personajes. La tele te da la posibilidad de mirarte, es un espejo único. Te permite mejorar, cambiar. Yo miro la novela todos los días.

PM. ¿Sos muy exigente con vos misma?

VG. Lo trato en terapia… (Risas). A veces me gustaría tomármelo un poco más relajada, pero no me sale. La exigencia es parte del placer. Me gusta cuidar los personajes. Los quiero. Hay una parte de ese amor que se refleja en la sobre exigencia, en pensar y sentir, para que luego el personaje pueda aflorar. En la tele hay mucha soledad. Es una vorágine, no hay tiempo para detenerse, y nos apoyamos en la confianza entre los actores. Así funciona la fábrica, y tenés que estar lista.

Nada del otro mundo

La actuación se le reveló de modo completamente natural, de muy chica, en su Banfield natal. “Siempre lo supe. Tenía 6, 7 años, miraba películas y las representaba a la par. Era una cosa de juego de niña que me fomentaron muy rápido, y eso que no tuve educación artística en mi casa ni artistas en la familia. Mi vida era el colegio, la familia y jugar, no más. Recién empecé a estudiar teatro a los 12 años en Banfield, y después continué con Lito Cruz a los 15. Aprendí a comprender qué es ser actriz. Actuar es muy complejo si uno quiere estar atento, sin repetirse, estar despierto. En la comodidad te alejás de la realidad”.

PM. ¿Cómo recordás tus años en Banfield?

VG. Son importantísimos para mí. Me fui de Banfield a los 15 años, pero mi mamá, mis abuelos, mis primos y mis tíos siguen viviendo en el Sur. Tengo clarísimo que voy a vivir en una casa, con perros y una parrilla, y todas las imágenes de ese deseo tienen relación con la manera en la que yo crecí.

PM. ¿Y cómo vivís el haber pasado de ser una chica de barrio a una persona que tiene que acostumbrarse al reconocimiento público?

VG. Convivo con la exposición, trato de ser atenta con la gente, que si se acerca siempre es con mucho respeto. A veces es muy loco porque esperan que digas algo especial y no tenés nada interesante qué decir. A la salida del teatro son varias las señoras que me saludan.

PM. ¿Con los hombres es igual?

VG. Hay de todo. Están los que son tímidos y están los que encaran. El tema es que hay una cosa medio idealizada que es muy molesta, que te busquen con el tema de la tele. En un boliche, por ahí me encantás, y si arrancás con eso, uf…

PM. ¿Y con la prensa?

VG. No llevo una vida mediática, así que no pasa nada. El morbo de la prensa más sensacionalista y el público que la consume me parece horroroso, pero no se puede otra cosa que hacer silencio. Es una bola que no armaste vos. Es el trabajo de ellos, allá ellos. Participar en eso es entrar en eso, y yo tengo muy claro qué quiero hacer y cómo hacerlo.

PM. ¿Desde qué lugar te proponen las cosas que terminás rechazando?

VG. Me tratan de convencer con la muletilla “esto lo hicieron tal y tal actor, que son muy serios, muy de teatro”. No se trata de proteger una imagen: ¡es que no tengo ganas! Las descarto porque no me gustan. Tampoco las puedo considerar siquiera útiles si no me veo feliz haciéndolas. Es más una cuestión de quedarme en casa mirando una película en lugar de ir a un desfile. ¡Me tuve que justificar ante mi padre de por qué no iba al Bailando! (Risas). Sé perfectamente que hay cosas que para algunos no se entienden, pero creo que no molesto a nadie con una decisión propia, de última la plata me la pierdo yo… (Más risas).

Navegar los siete mares

PM. ¿Cómo te relacionas con las historias?

VG. Me emociono con las historias. Todo el tiempo voy al cine, al teatro. Voy con ojo muy crítico, pero si entro me engancho muchísimo.

PM. ¿Y con las que te toco interpretar?

VG. Tuve la suerte de hacer obras muy interesantes, importantes en mi vida, que me han hecho crecer más allá de lo actoral. En el teatro el actor es el medio que comunica, el que le pone el cuerpo a una realidad y lo hace frente a otros. Ese cara a cara entre las personas te exige prepararlo a conciencia. Todas las noches la obra tiene que estar viva, y para mantenerlo vivo está la fuerza del actor. En lo personal lo viví con muchísima intensidad en El Diario de Ana Frank.

PM. ¿Tenés películas recurrentes?

VG. ¡Claro! En este último tiempo es Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, la tengo grabada y la veo al menos una vez cada quince días. Me pasa lo mismo con El pianista y con Dogville. Y también con  Dulce noviembre, porque me fascina Charlize Theron y es una historia de amor tremenda.

PM. ¿Qué historias de amor son las que no te llegan?

VG. No creo en el amor por las apariencias ni en el amor de golpe. No es algo que pinta… Sí creo en el trabajo de amar al otro, en elegir a una persona. También en el amor que pervive aún en una separación. Incluso hay veces que por amor hay que estar lejos.

PM. ¿Te tocó vivir esa situación?

VG. Sí. Por amor tuve que separarme, y aún lejos el amor se mantiene, con otras formas, otros tiempos. Lo digo así, suelta, pero tuvo que correr mucha terapia…

PM. ¿Llegás a terapia con el tema más o menos elaborado o necesitás escucharte en catarsis?

VG. Nunca llego con una mochila inmensa. Es que no hay nada grave, sí cosas tristes, pero que son parte de las elecciones que tomo. Es una cuestión del día a día, que también se elabora día a día.

PM. ¿Qué es lo que te da más placer?

VG. Actuar. Es un momento ideal, de presencia absoluta. Como una meditación. No podés estar en otra cosa. Es como reírse a carcajadas con un amigo.

Si el trabajo se me vuelve

rutina de oficina se me muere todo.

Creo en el trabajo de amar al otro,

de elegir a una persona.

También en el amor que pervive

aún en una separación.

Incluso hay veces que por amor

hay que estar lejos.

 

 Aprendí a comprender

qué es ser actriz.

Actuar es muy complejo

si uno quiere estar atento,

sin repetirse, estar despierto.

 

…………………………………………………………………………………………………………………………….

Top Secret: El regalo perfecto

PM. ¿Con qué regalo te compran?

VG. Con un alfajor Bon-o-bon me compran fácil… (Risas). Y me encantan que me escriban cosas… Laura Azcurra (N. de R.: compañera de elenco en Lobo) siempre me deja cosas escritas en la agenda en el camarín.

PM. ¿Guardás las cosas que te hayan regalado?

VG. Depende cuánto me hayan roto el corazón.

PM. ¿Incluso los peluches?

VG. (Risas) ¡Odio los peluches! Son para los nenes. “¿Qué hago con esto?(Más risas).

…………………………………………………………………………………………………………………………….

Jugando a la máquina del tiempo

PM: Volvamos por un momento a tus 20 años. ¿Cómo te imaginabas a los 25?

VG. Me imaginaba casada y con hijos. Siempre actriz, trabajando, pero con una familia. Formar una familia ocupa un lugar muy importante en mí, tener un amor y criar a mis hijos. Pero me descubrí separándome a los 24 y bueno, los planes son planes.

PM. ¿Y cómo te imaginás a los 30 hoy?

VG. Viajando. Por placer, yendo a ver teatro, haciendo algún curso… Ojo, por ahí nos vemos en cinco años y estoy con tres hijos, marido, perros… (Risas)

 

…………………………………………………………………………………………………………………………….

Sin descanso

Desde Eloísa en 1/2 falta hasta Ana Linares en Lobo, Vanesa se ha puesto en la piel de personajes que la han tenido en pantalla casi ininterrumpidamente durante los últimos años. Actuó en Alma Pirata, Amo de casa, Mujeres asesinas, Son de Fierro, Socias, Ciega a citas, Lo que el tiempo nos dejó, Caín y Abel, Maltratadas, y Decisiones de vida.

Y en teatro -su lugar en el mundo- participo en Así de perras y En el país de Perbrumón, bajo la dirección de Lito Cruz; El burdel de París, musical dirigido por James Murray; Agosto: condado Osage y Todos eran mis hijos, bajo la dirección de Claudio Tolcachir, y en El Diario de Ana Frank, dirigida por Helena Tritek, papel por el que fue distinguida con el Premio Clarín a la Actriz Revelación.

Anuncios

Un pensamiento en “VANESA GONZÁLEZ :: Sabe lo que quiere y ama lo que hace

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s