YUSA ya no es un secreto

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A Yusa hay que escucharla y hay que verla. Cualquier instrumento que toque armoniza con su propio cuerpo, que es el primero. Sobre esa dúo, también canta. A eso se le suelen sumar más músicos, siempre amigos, talentosísimos. Todo se potencia. Son como pulpos. Las  sensaciones se superan unas a otras, arman montañas. Yusa es toda música.

 

Entrevista: Marcelo F. León

 

Hace calor. El asfalto porteño está a punto de ebullición. De Caribe, nada. Se abre la puerta, la sonrisa idéntica a las fotos de prensa, beso y adelante, saluda Yusa, que de Caribe, todo. En la habitación hay una guitarra, un tecladito, mesa, par de sillas, un I Pad y mate. El sol porteño reverbera en el hormigón y se mete por la ventana lateral, que en determinados momentos de la charla nos engatuza con una postal de mar transparente, arena impoluta y palmeras que desaparece al mirar fijo, pero que se sabe que está ahí. “Haber crecido en Cuba me permitió dedicarme a algo por vocación. No he hecho otra cosa en mi vida ni de mi vida que música” dice Yusa y planta bandera, como para romper el hielo en el mediodía más ardiente del verano.

Filosofía

El que tuvo la suerte de ver un show de Yusa puede comprender por qué llama tanto la atención, al punto de dejar de ser un secreto a voces y volverse cada vez más reconocida. Sabe de la entrega total en escena, de los climas, de la calidad interpretativa, y también de lo trajinadas que son las bambalinas, por donde pasan amigos músicos que siempre se suman a tocar con la cubana. “Yo hago música desde los seis años. Y desde siempre he compartido con otros niños que tocaban instrumentos. Nos prestábamos instrumentos entre todos los compañeros, el mismo conservatorio nos permitía llevarlos a casa. Esas herramientas eran la llave al mundo de la música. Y una de mis primeras experiencias fue una formación con todas mujeres, en las que cambiábamos los roles permanentemente. Compartir todo el tiempo es muy de nuestra cultura. También es parte de mi esencia, porque soy muy inquieta. Todas esas vivencias son fundamentales para lo que hoy es una premisa en mi manera de vivir”.

.: Vivís con naturalidad lo que descubriste en libertad.

.: Sí, pero también tenía toda una cosa lúdica. Mira, una vez en el Conservatorio, además del instrumento propio todos teníamos que aprender piano obligatoriamente, y lejos de quejarme me entusiasmaba, buscaba armonías, sacaba cosas de Chick Corea…

.: ¡Tocabas Chick Corea en los recreos como quién salta a la soga!

.: (Risas) Claro, eran los ochenta. Yo quería tocar todo: el Children Book, que era dificilísimo, Bach, Beethoven… Éramos una generación de chicos que estábamos fascinados por querer tocar todo. La mayoría de los percusionistas de los años de escuela hoy son pianistas, violinistas, directores de banda. Y esa búsqueda, con sus cambios, no es más que una parte lógica del espíritu con el que crecimos y tiene que ver con Cuba. La academia cubana es la usina de los músicos más populares. Por ejemplo, Gonzalo Rubalcaba es graduado de percusión.

Yusa puede decir con sano orgullo que nunca tuvo que hacer concesiones con su arte, ni con sus elecciones. Se graduó en tres, que es un instrumento típico cubano. Ni bien graduada salió al mundo, de la mano de muchas bandas y proyectos que la contaron como tresera. El derrotero la llevó a compartir escenarios con artistas enormes, que veían en ella a una flamante compañera. Y hoy, con cinco discos editados, el reconocimiento de pares y del público y hasta con sello discográfico propio, sigue subiendo de invitada cuando tocan sus amigos y se pone a hacer los coros. “Me divierto haciendo coros. En los discos de mis amigos toco bajo, toco tres, pero en vivo hago coros. Me piden que haga la puesta de coros, y yo gozo más que gozón… Es recorrer libremente por la música”.

.: Para algunos hacerle coros a otro artista podría considerarlo “rebajarse”.

.: Mi mamá es economista, prepara cuadros, dirigentes. Cuando daba clase a futuros directivos,  ella proponía siempre el cambio de roles, porque es fundamental para hacer funcionar el liderazgo. Todo es digno. Nunca voy a sentir que una persona me vea minimizada, porque no lo veo yo, entonces no puedo verlo en otros. A mí siempre me dicen “Yusa, tu gozas donde sea” y es verdad. Y te digo más: de tanta emotividad que tiene la música cubana, a veces pierdes el centro. Por eso es importante elegir a quién le encargas los coros. Kelvis Ochoa, Roberto Calcaserra, y otros amigos con los que compartimos esa parcería son los que yo elijo, por ejemplo. Saber tomar el lugar del otro es muy valioso para cuando tienes que armar el concepto de un concierto. Puedes tener la idea global de lo que quieres, porque ya estuviste en lo particular y lo conoces. Te da mucha libertad el poder entenderse en el rol del otro.

Dramaturgia

Cuando se habla de su música siempre se hace foco, y con lógica razón, en lo instrumental, porque Yusa, literalmente, la gasta sea cual sea el instrumento que elija. Y eso hace que se pase por alto una faceta también muy personal de su arte.

 .: ¿Cómo vivís la parte de ponerle palabras a tus canciones?

.: Es terrible… (Suspira). Cuando comencé con mi banda yo estaba trabajando con un grupo de Teatro, el Teatro Estudio. En ese grupo encontré un modo de decir que se parecía mucho a mi manera de sentir. Antes, claro, yo escribía mis pensamientos, pero nunca se me había ocurrido volcarlo en canciones. Siempre me gustó la literatura, y veía a los poetas o a cualquier persona que escribiera en una altura superior, siempre con mucho respeto, y preguntándome cómo se llegaría a poder plasmar en palabras cosas en las que otra persona también pudiera verse reflejada. En esos momentos ¿escribir yo una canción? ¡Ni loca! Teniendo a poetas como Silvio Rodríguez, Serrat, Santiago Feliú… Pero un buen día, en medio de tantos juegos con el lenguaje que hacíamos en Teatro Estudio, sentía que estaba llegando a un lugar cómodo: el poder hablar de los estímulos. Más allá del suceso, poder contar lo que me sucede en el suceso. Y así empecé a escribir, muchas veces letra y música a la par, y sin saber del todo cómo sucedía. Pero esos estímulos, la posibilidad de encararlo desde una teatralidad, es lo que aparece en mis letras. De repente estar acostada, procesar miles de cosas, tanta información… ¡y la canción venía a las 6 de la mañana! Así como nunca tuve la premura de hacer un disco en determinado momento, sí me pasa que cuando una canción me viene, tengo que hacerla salir sin demora.

Yusa se para, y va la cocina a calentar más agua. La sigo, grabador en mano. Haciendo una especie de pirueta cambia la yerba del mate. Con su forma natural de moverse te da la sensación de que si le jugás una carrera hasta la esquina, una pulseada o a hacer la vertical te gana en las tres. “Conocí a muchos argentinos en Cuba, y en ese entonces no tomaba mate. Una vez aquí, lo adopté, porque tiene el valor social del integrar en lo cotidiano a aquel con el que compartís tu vida. En un punto es como tomar el café de Cuba…”

.: Y pensar que para el grueso de los argentinos, el café es instantánteo…

.: Por favor… (Risas). El café es en granos, y nunca torrado. ¡Malísimo para el corazón! Yo vivo en City Bell, y encontré una marca, La Bastilla, que tuesta los granos todos los días, bien temprano. Allí compro mi café, llego a casa, y con mi molinillo trequetetreque moliendo café, que es mi terapia… (Risas).

Yusa me cuenta del mítico café El Escorial, en su Habana querida. Me dice que si un día voy a Cuba, que no deje de tomar un café ahí, que es historia pura. Y también me dice que de no haber venido a la Argentina, nunca habría grabado un disco como Libro de Cabecera en tardes de café.

.: Hacer un disco de versiones puede resultar una buena carta de presentación mediática. Ponerle voz a canciones ya antes conocidas por una mayoría, y así llegarles más rápido. Pero claramente no es este el caso.

.: ¡Ni a palos! (Risas). No podría ir a buscar hits por ahí. Elegí canciones que me gustan mucho, y fue un gozo grabarlas. El estar en Argentina me ha predispuesto a muchas cosas nuevas en mi vida, muchos cambios que no había imaginado y que son el siguiente tramo del crecimiento. Hasta hace unos años ni siquiera pensaba en venir a Argentina. Latinoamérica estuvo fragmentada. Cuba tendía su puente con la Unión Soviética y Europa, que nos parecían más cercanos que nuestro propio continente. En su momento entendía el vínculo con la Argentina como parte de lo que a uno le imponen: hermandad Latinoamérica, el chamamé, el Che, que son cosas de las que uno está al margen, aún en la adhesión a figuras inconográficas pero que en realidad no vivenció. Lo argentino era parte de mi cultura, pero no algo que pudiera visualizar más allá. Argentina era algo cercano en el ideario, pero una plaza imposible para tocar.

.: Pero todo cambió el día que pusiste un pie acá.

.: Totalmente. Argentina es el primer país del mundo al que llegué sin que hubiera discos míos editados aquí. Y cuando me programaron mi primer show, en Notorius, había doscientas personas esperando para verme. No entendí nada. Nunca me había pasado en la vida. Eso marcó la diferencia. Aquí hay un desafío cultural tan grande, que nos hermana como pueblos.

.: Tiene que ver con el recuerdo mítico que hacemos en Argentina de lo cubano, ya sea idealizándolo o demonizándolo.

.: En tanto que cubana, siempre he recibido amor, por lo que Cuba genera en la gente. Puedes estar con Fidel o contra Fidel, pero Cuba es un referente de cultura, de gente alegre, de amor. Y ese amor del público por Cuba aparece en mis shows, en el respeto, en el cariño que me demuestran. La gente va predispuesta a favor, y desde esa predisposición mi show fluye de otra manera. No ocurre en Europa, en donde voy de gira desde el principio de mi carrera, en donde nunca el público es el mismo. Aquí terminas un show, y el público complacido va y compra tu disco. Eso es muy de Argentina, habla de la fidelidad del público. Aquí decidieron amarte y ya te amaron. Todo nace de esa pasión que tiene el argentino por su avidez de consumir cultura.

.: Hay una apropiación del artista.

.: Tú estás sintiendo que la gente reacciona ante tu arte, a favor o en contra. Eso es lo que yo busco, partiendo de que todo es mejorable. Mi arte tiene que ver con mi tradición, con lo que fluye de modo consciente e inconsciente, y con mi necesidad de compartir ciertas cosas.

.: ¿Qué otras cosas de lo argentino te han cambiado?

.: Aquí se come mucho. ¡Un show, un asado! Así no hay físico que aguante… (Risas). Cambió mi rutina completamente. Yo tenía mi rutina de ejercicios por la mañana, luego una rutina de comidas muy cuidada, en tipos de alimentos, en cantidades y en horarios. Aquí se come muy tarde. Sigo haciendo ejercicio (N. de la R.: Yusa hizo por años artes marciales y es diplomada en tiro), desgasto mucho, pero lo admito: me he argentinizado (Risas).

Integración

Sus primeros discos fueron por un sello. Ahora, al tener el control total, los esfuerzos deben multiplican, pero es una decisión que es parte del crecimiento. “He conocido pocos productores que puedan sumarse al proyecto de un artista para multiplicar y potenciar sin impregnar de su propio color la obra. ¡Y aún con lo ingrato que es el trabajo del productor! Porque si el disco no es bueno, es culpa del productor, pero si es un discazo, las flores se las lleva el artista. Aprendí que el respeto entre músicos nace cuando estos músicos comprenden qué es lo que está pasando con eso que suena. Y a partir de eso deciden cómo intervenir, con poco o con mucho, siempre desde la propia esencia. Por eso la agenda de show, la decisión del sello propio, la posibilidad de tocar y producir con otros artistas, y desde mi independencia ser parte voluntaria de la de otros amigos”.

.: Y en ese grupo de amigos hay muchas cantautoras con mucho arte para dar y que son tus amigas.

.: Me da gusto ser parte de lo que sucede con las mujeres en América del Sur. El rol de la mujer activa, que gana muchas batallas. Ha evolucionado mucho el respeto por la voz y la palabra de la mujer. Siempre hubo grandes mujeres que marcaran el camino, pero es importante que toda mujer sienta la fortaleza para sortear cada necesidad y desafío de la vida.  Que no se resigne a perder la libertad de sentir, de decidir, de crear. Yo me siento respetada, entonces tengo la fortaleza incluso ante los prejuicios culturales, que son débiles ante el poder que te da hacer las cosas con la convicción del amor, y ese amor compartirlo. Cuando sumamos, siempre ganamos. Nunca va a ser de otra manera.

 . . . . .

 

· · · · ·

Con nombre propio

Su nombre de cuna es Yusmil López Bridón. Un día compartía juegos en su casa con otro niño, quien cuando su madre la llamó cariñosamente “Yusi”, él entendió que le había dicho “Yusa”, y de tanto repetirlo, incluso en las clases de conservatorio, impuso el nombre con el que el mundo la conoce hoy.

Amigos que también tocan un poco

No alcanza la columna para transcribir la pléyade de músicos con los que toca y toco Yusa. A modo de injusto resumen diremos que Gerardo Alfonso se la llevo para tocar con él ni bien terminó el Conservatorio, que para sus 21 años Pablo Menezes también la contaba en su grupo, que al tiempo haría un célebre dúo con Domingo Candelaria, y que comenzaría un periplo global de presentaciones, de la mano de su primer disco, del año 2002, editado por Tumi Music. Se hizo amiga y compañera de gira de Lila Downs y Susana Baca, integró junto a Ramiro Mussotto el tremendo trío del brasilero Lenine, y se subió al escenario de miles de amigos, los cuales han sabido devolver la gentileza haciendo lo propio en los shows de Yusa: Rally Barrionuevo, Teresa Paroni, Santiago Feliú, Hugo Fattorusso, Descemer Bueno, Kelvis Ochoa, Malena Muyala, Mariana Baraj, Liliana Herrero, Liliana Vitale, Verónica Condomí, Charo Bogarín , por nombrar a algunos y ser injustos, se advirtió prudentemente.

Crema y chocolate, junto a Ana Prada

“La gente de Vinilo nos propuso estos shows. De hecho ellos abrieron su sello discográfico con mi disco. Siempre me han abierto las puertas, hasta llegar a ser una habitué. Ana Prada y yo coincidíamos mucho, nos la pasábamos invitándonos una a la otra, somos amigas, nos juntábamos a zapar, y ahora también compartimos manager, que es Paula Rivera.

¿Cómo no íbamos a hacer algo juntas? Ahí partió la cosa de “Crema y Chocolate”. Las dos somos súper charletas, y logramos un espectáculo en el que hacemos apología de nuestra propia cultura. Me encanta la música de Ana, su manera fresca, sus letras. Además, claro, ella es una representante más de lo que las mujeres están logrando en el Uruguay, y eso es maravilloso”.

Discografía

Libro de cabecera en tardes de café. (2012, Yusa Records)

Vivo. (2010, Tumi Music)

Haiku. (2008, Tumi Music)

Breathe (2004, Tumi Music)

Yusa (2001, Tumi Music)

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