JUAN DARTHES: Galán de acá nomás

Revista PM - Octubre 2013 - Darthes

Pudo ser una más de las voces tangueras vernáculas que, con carrasperas y gargantas resecas, pronunciaron innumerables veces el nombre emblema del 2×4.  Pero si Juan Darthés no se confinó a los berretines de bandoneón cantando Malena fue un poco por herencia y otro poco por casualidad. El cantante y actor, brasileño de cuna y argento por adopción, es fruto de una dupla artística que, por genética y hábito, le inculcó la pasión por la música y el teatro por igual: su padre, Oscar Fuentes, fue cantor de tangos, mientras que su madre, Leyla Dartel, una reconocida actriz de cine. Esa amalgama lo define desde siempre: lo que en la infancia le entregó al tango, en la adolescencia se lo dio a la actuación, y así… “La mejor manera de crecer es sacar lo positivo de los errores. La vida te enseña, sólo hay que verlo”, sintetiza Darhtés, y su sabiduría tiene ecos de barrio.

Por Daniela Rovina

Entre risas, aparecen los primeros recuerdos de la niñez, que lo llevan otra vez a Temperley, al sur de las luces metropolitanas. Allí fue a la escuela, cantó los primeros tangos, vistió como hincha la camiseta del club de fútbol local. “La primaria la hice en el Colegio Sarmiento y la secundaria en el Industrial de Temperley, el Kennedy de Lanús, el San Jorge de Adrogué, y terminé en el Instituto Lomas de Zamora. Recorrí todo el sur”.

:: “Todo por un tanguito

La fama golpeó la puerta del Darthés actor allá por el ‘90, cuando a raíz de una fugaz actuación en una emisiones del programa Grandes valores del Tango, le permitieron la participación en la telenovela Un voz en el teléfono. Una canción bastó para que al día siguiente Alejandro Romay – recordado director del ex canal de la palomita, pantalla de la exitosa ficción de Alberto Migré y líder absoluto del rating– le llamara específicamente para pedirle que se quedara.

Lo que siguió no fueron más que nuevas puertas abiertas. Pasó de revelación en el ciclo tanguero que conducía Silvio Soldán a actor de comedias musicales y novelas, la mayoría en horario central. En el 1998 se subió a las tablas con el musical Nine, papel que le valió el premio ACE a mejor actor protagónico masculino. También integró elencos de Arráncame la vida, El beso de la mujer araña y El diluvio que viene, entre otras puestas. De vuelta en televisión descolló en las tiras de Polka –la productora de Adrián Suar– donde edificó una camaleónica carrera bajo la piel de un gitano (Soy gitano), un camarógrafo (Primicias), un policía (099 Central) y hasta en comedia infantil, con Patito feo, con sus proyecciones en cine y teatro.

Sus últimos dos trabajos, Dulce amor, la novela de Enrique Estevanez que copó la pantalla de Telefé por más de un año,  y Amor porteño, el espectáculo junto a Luciana Salazar y Juan Carlos Copes, son las pruebas irrefutables de una carrera que no se detiene.

-Sus padres fueron artistas. Parece casi indefectible que, con esos antecedentes, hubiera esquivado los escenarios. ¿Alguna vez pensó en ejercer otra profesión?

-Sí, quería ser jugador de futbol. No tenía talento, pero le ponía toda la garra. Gracias a Dios  no hubo caso. Una suerte para mí y para el fútbol. (Risas)

-En otras entrevistas, contó que siempre cantó y que el bichito de la actuación le picó durante el último año del colegio. ¿Cómo vivió la transición de la música a la ficción?

-No hubo transición. La música y la actuación estaban en casa: mi viejo era cantor de tangos y mi vieja actriz. La música y la actuación estuvieron siempre en mis genes. Y lo viví muy naturalmente.

-Entonces, ¿qué lo motiva a volcarse, por momentos, más hacia uno u otro lado?

-La televisión me dio la oportunidad de ser conocido, de recorrer el mundo. Los personajes que tuve la suerte de interpretar, me nutrieron y generaron cariño, afecto; una complicidad maravillosa con el público que muchas veces la puedo disfrutar con la música, el escenario y los músicos y la gente. Eso es magia. En Tangoloco, el espectáculo del quinteto Daniel García, trabajo con mis compañeros de escenario y músicos desde hace 10 años recorriendo el país. No he parado nunca. Ahora integro el elenco de Amor Porteño, un espectáculo con una producción increíble que antes disfrutaba el turismo y hoy apunta al público local. Son 18 bailarines maravillosos en escena, la Orquesta Típica de Érica di Salvo, Luciana Salazar y Juan Carlos Copes.

-¿Cómo fueron sus primeros pasos sobre las tablas?

-Los recuerdo no sólo como logros, sino también como aquellas situaciones poco felices, pero que tanto me enseñaron. La mejor manera de crecer es sacar lo positivo de los errores. La vida te enseña, sólo hay que verlo.

-Se suele hablar de referentes o personas que “inspiran” a la hora de elegir una carrera. ¿Cuáles fueron los suyos?

Mi mujer, mis  viejos, mis hijos, la gente que quiero y respeto. Cada vez más elijo a  la buena gente. No me interesa la profesion ni su éxito. Me quedo en los gestos. En el espectáculo Canciones de amor y novela, siempre elegía cantar y, no es casualidad, “Con las alas del alma” de Eladia Blázquez. Ese era uno de los momentos más emotivos del show. “Más allá de la historia, de las vidas sin gloria, sin honor ni sustento, quiero amar a quien vive con las alas del alma desplegadas al viento” (Canta).

-Integró elencos de importantes ficciones, y compartió pantalla con algunos de los artistas más aplaudidos del país. Formó parte de proyectos exitosos y otros no tanto. ¿Cómo se maneja la cuestión del éxito y el fracaso en un medio hostil como la televisión?

-Pongo el alma y encaro mi profesión desde el amor. Todo lo que venga, reconocimiento o no, es parte del juego. Por supuesto que me interesa el rating, que sea un éxito y funcione. La televisión también es un negocio y, como tal, debe  rendir.

-Buena parte de sus trabajos fueron en televisión. ¿Se siente encajonado en ese medio?

-Ningún encasillamiento. Todo lo contrario, amplitud.

-Recientemente protagonizó Dulce amor, y antes integró muchas otras telenovelas. ¿Qué le aporta ese género y por qué lo elige?

-Me gustan los cuentos y contar historias simples, acercarme a la gente, acompañarla, interpretar distintos personajes, crecer con ellos. De hecho, hace un tiempo participé de una comedia musical homenaje a las novelas argentinas y sus canciones (Canciones de amor y novela), producida por Marita Guercio. Soy un agradecido de las novelas que hice y las que vi como espectador.

-¿Alguna vez se dejó afectar por la etiqueta “actor de telenovelas”?

-De etiquetas nada. Ni siquiera me visto de etiqueta. (Risas)

-¿Qué le queda pendiente a nivel profesional?

La nota para esta revista. (Risas). No tengo ni más ni menos que la pretensión de vivir de lo que amo, con la gente que amo y para la gente que quiere.

-¿Busca que su trabajo tenga algún tipo de compromiso social? ¿Reconoce en el arte una función política?

-La política la haces todo el  tiempo, no es privativa del arte: la hacés con cada decisión y compromiso. Me siento comprometido con mi país. Ante cada noticia de estupor, de injusticia me desangro por dentro. Me duele el dolor de la gente, sus heridas. Así interpreto la vida…Con las alas del alma.

 

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